Sin Reino y sin Caballo. Cuatro.

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Tejer o no tejer.

Merleau Ponty escribe que “somos nuestra cultura antes de pensarla” (Estructura del Comportamiento. Ed. Hachette). Me ha ayudado a reflexionar respecto al teatro que somos antes de hacerlo.
Deudores de ancestrales tradiciones somos eso que han dejado en nosotros todos aquellos que nos preceden en la testaruda convicción del individuo de ser un algo para la escena.
Mientras nos hemos dedicado a pagar nuestros deudas con la parte de eternidad que nos antecede, la televisión hizo su trabajo de marcación y apoderamiento del territorio. Lo hizo haciendo lo que mejor sabe hacer. El triunfo de la banalización sobre la tragedia.
Ha ganado como era de esperar la apología del mercado. Identificar excelencia con éxito material. Los constituyentes culturales se han asimilado a lo teatral y los personajes ya casi no se construyen. Vienen de la tradición ( ese pasado que otros han construido) o de la televisión (ese presente que nos enseña el camino)
Me pregunto el día del estreno de Ricardo III de William Shakespeare si este vacío metafísico que se rellena a veces con el azar de lo cotidiano y otras veces con violencia creadora, no es mas que mi forma particular de negar lo real.
Todos pagamos con aceptación casi involuntaria un proyecto de vida con una inocencia digna de mejor causa. De la misma manera que aprendemos las reglas del habla asimilamos que algo debemos hacer aunque no reflexionamos demasiado para saber de dónde viene.
¿Hay un momento para interrogarnos por la aceptación de ese modelo? No hay otra alternativa que la crisis personal e intransferible.
Una nueva moral se instaura. Es el pasaje de lo social a ese sitio de lo personal donde podemos poner en cuestión algunos orígenes. Eso debería permitir creer en otras trascendencias que tendrán que aparecer.
Quizás Ricardo III sea el cierre de un proyecto personal y si tengo suerte, la apertura para mucha gente con la que trabajo hace años, de una opción de crecimiento radical. Un no poder dejar de mirar.
No tengo certezas.
Han desaparecido mientras intento entender que será lo que debo habitar mientras tanto algún hombre maltrata por enésima vez a una mujer que se lo permite y yo maltrato por enésima vez la literatura para saber si vale la pena continuar haciendo cosas.
Hoy seguimos siendo la huella de lo que hemos hecho. Eso que está en la escena del Teatro Español es el resto que nos queda. Un algo que queremos amar. Un algo que esperemos amen.

2 Comentarios

  1. Tatiana Esmeralda Fierro
    | Responder

    Amén!

  2. Esther
    | Responder

    Preguntas, Dudas, Sinceridad. Me encanta este escrito Jorge, creo que el que más. Honestidad. Transformación. Creo que las personas que nos gusta el teatro, por lo general, somos personas transformadoras. Nos cuestionamos lo que nos rodea. Nos preguntamos, investigamos, probamos, fallamos, nos equivocamos, reflexionamos y seguimos. Y así es todo. La vida es como un laboratorio experimental. Tal vez, creo, que para transformar, hay que previamente, aceptar. Aceptar o asumir, no significa que no tener tu propia visión crítica de las cosas. Lo que pasa que si se aceptan, tu visión y tus convicciones, se vuelven más claras y objetivas. Más reales. Y más fáciles de acometer. Aceptando las cosas como son, sin negarlas, es más fácil transformarlas después. Esta es la ecuación que he sacado de mi experiencia de vida. La escribo aquí, por si a alguien le puede aportar algo, aunque, es posible que me equivoque.
    En mi aprendizaje de teatro y mi formación como actriz, también es como un laboratorio.Investigas, pruebas, te equivocas, pruebas otra cosa, y si funciona, te la guardas, Así hasta que tenga un número completo de ecuaciones que valgan, que me sirvan como recursos para ser una gran actriz. Por ahora soy tan solo una Cerdita, sucia, simple y terrenal. Pero mi objetivo,es ser como un Unicornio, algo nuevo, completo y divino. Algo mágico, real y sorprendente. Con alas para volar, y con cuatro patas para aterrizar. El dia que lo consiga, me sentiré satisfecha.Aunque esté poniendo cafés, me sentiré satisfecha.

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