Los espectadores no ensayan.

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Tejido Beckett. Abriendo el Círculo. Dos.

Estábamos en un Centro Cultural del distrito madrileño de Ciudad Lineal antes del comienzo de nuestro Ricardo Tercero y como es habitual en estos centros pude entablar contacto con el público unos instantes antes de la representación. Antes de comenzar mi intervención de unos minutos sonó el reconocible aviso que solicita la desconexión de los teléfonos móviles. No pude reprimir el impulso de hablar de otra desconexión. Les dije que lo que creía difícil de desconectar no era el móvil sino el televisor que cada uno lleva encendido y que no nos deja disfrutar del acontecimiento teatral.
En esto estamos. La semana que viene volveremos a representar Tejido Beckett en el Círculo de Bellas Artes y no puedo dejar de reflexionar sobre las motivaciones que nos llevan a esta empedernida búsqueda de un espectador que casi no existe.
Durante la segunda guerra mundial en Londres hacían teatro mientras los alemanes bombardeaban la ciudad. Detenían la representación, se refugiaban y volvían. La tan consensuada crisis es una guerra pero sin muertos por las bombas. Esta muriendo el dinero y no parece que de esa muerte pueda renacer el arte. Por lo menos en esta tierra tan regada por un teatro que mide su éxito por la cantidad de los espectadores que pasan por taquilla. No por la calidad de los mismos. La calidad del espectador no cuenta. No es una variable que se deba tomar en cuenta.
Quiero tomarla. ¿Qué espectador buscamos? Uno al que sometamos con los mismos valores con los que nos someten desde la brocha gorda televisiva? ¿Buscamos el elogio del imbécil? ¿Qué queremos del público con nuestro trabajo? ¿Manipularlo y convertirlo en algo pequeño y fácil de hacerlo pasar por taquilla o un público que tome decisiones mientras esté en el teatro y pueda imaginar, asociar y transitar por lo que le contamos con la libertad que el mismo elige? Este último es nuestro espectador pero hay que encontrarlo. Es una tarea.
No es del aislamiento de lo que quiero hablar. Quizás sea fácil sentirse muy bien en la mitad de la nada. Admitir y ser casi feliz por no ser comprendido por un grupo mayoritario de personas. No. No es esta la voluntad de Tejido Abierto como proyecto artístico.
Los espectadores no ensayan y mientras esto ocurra hay que instarlos a ensayar aunque eso parezca estar muy lejos del teatro como fugaz entretenimiento. Tengo la ilusión de creer que hay un público con ganas de ensayar para mirar mejor.
Sinopsis de Tejido Beckett.
El espectáculo está dividido en cuatro segmentos.
En el primero de ellos Belacqua Shua, constructor de laudes y extraído de la Divina Comedia nos descubre el mito de origen de todos los personajes del universo de Beckett.
En el segundo segmento, Primer Amor y Último Deseo, se llaman entre si y nos muestran conductas tan explosivas como cotidianas. Son los títeres homicidas.
En el tercero, los vínculos de poder y dominación se esconden detrás del amor. No es difícil amar a alguien. Lo difícil es vivir con alguien.
En el último segmento, lejanos ecos de Krapp, Winnie o Vladimiro y Estragón. Son el último tren. El último esfuerzo para combatir el sin sentido.
Los esperamos.

Un comentario

  1. Pedro Magnolia
    | Responder

    La frustración del artista es similar al del empresario cuando cree y confía en su producto y este no convence, ya sea por ser demasiado malo o demasiado bueno para su tiempo. Es la eterna batalla de la ley de la oferta y la demanda, la guerra del comercial y su cliente, producto y necesidad, artista, arte y espectador.
    Cuando se vende un producto tienes dos caminos iniciales, opuestos uno del otro. O modificas tu producto para que esté al gusto del consumidor o al consumidor le haces entender el valor del producto. El primer paso es fácil no requiere ingenio, creatividad o talento, únicamente observación y escucha. El segundo paso, es más difícil, osado y se tarda mucho más, no obstante, si se tuviere éxito en la empresa, es mil veces más placentero. No sé si se puede educar al espectador “sin marketing” al igual que no sé si se puede cambiar la sociedad.
    Para educarlos, para cambiarlos se ha de hacer desde el principio, desde niños, poco a poco, uno a uno. Por ejemplo, en las escuelas que aparte de matemáticas, ingles y leguaje se enseñe a… como mínimo, tener juicio de valor con el arte que nos rodea. Tener capacidad para poder decidir con conocimiento de causa que te atrapa del arte y que no, que es técnicamente bueno y que no. Pero lamentablemente a los gobiernos nos les interesa, porque entonces pensaríamos y no seriamos dóciles. Es mejor fomentar la estupidez, la ignorancia y la risa fácil.
    En resumen. Si quieres educar al público necesitaras mucho apoyo y mucho trabajo.
    Cuenta con mi apoyo.

    peter magnolia.

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