Samuel Beckett. Teatro Cervantes. Buenos Aires.2011.

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Matar al autor.

1.- El actor desarma y hace escombros. No cualquier escombro. Esos en particular que esa situación que comienza a investigar le permite realizar. No es lo mismo el escombro de una villa en Biarritz que un apartamento en Manhattan que una chabola en las afueras de Lima. No es lo mismo.
Muy diferentes son los escombros de Samuel Beckett que los de Chejov. Los de Sara Kane que los de Arthur Miller. Quiero decir que hay que saber desescombrar.
2.- Con lo que queda vuelve a armar y redescubre la situación. Ya la tenía pero la vuelve a tener. Antes la tenía en la cabeza ahora le molesta en el cuerpo. Con lo que había y lo que hay, tiene algo que hacer.
3.- Comienza la reescritura. Los personajes que no estaban comienzan a aparecer. Tenía percepciones lejanas como ideas por desarrollar que no podía dejar de tener. Eso le pasó alguna vez y de eso queda la huella que quizás reaparezca pero esta vez sometida a una ley. La ley de lo que no estaba escrito. Es la reescritura que tritura la idea al mismo tiempo que la integra.
4.- El autor revive.
Me cuentan un cuento. Un relato corto. Quizás de los más breves. Se llama Reencarnación. Tiene una sola frase. “Otra vez perro”. Nada más.
Un autor que revive nunca dirá, otra vez perro.

Actuar. Un miedo agradable.

No creo que la técnica asegure la conquista del talento aunque la obligación de quien quiera ser un actor, debe ser intentarlo.
Tampoco creo que la adquisición de la técnica garantice el surgimiento de un gran actor.
De una sola cosa estoy muy seguro. La técnica posibilita de una manera clara y radical que un individuo no sea un mal actor. De la misma forma que con la inteligencia y la poesía. Una persona inteligente no es seguro que sepa escribir un gran poema, pero de seguro que no escribirá uno muy malo.

La condición humana.

Necesito escribir sobre la condición humana. Mas que nada en aquellos lugares en que aquella se relaciona con el arte.
Quiero creer y escribo, dirijo y doy clases para ello, que la condición humana es una condición para la escena.
Mas que la música o las artes plásticas, el arte del actor no logra escaparse de la reproducción de la vida aunque se arroje con denuedo a la actividad de lo escénico.
Siendo lo propio del capitalismo cosificar al ser humano, se nos ha impuesto como si de la ley de gravedad se tratara, la estética de la cosa.
El hombre o la mujer cosa al servicio de una sociedad que los necesita para perpetuarse. El dinero persiste en su tenaz persecución. Encontrar humanos “cosa” que quieran dinero. En este sentido, la mayor parte de los actores de las sociedades mas avanzadas, viene haciendo muy bien su tarea al servicio de la consolidación de una vieja complicidad: una profesión trabajando para un modelo de sociedad.
No debe ser casual que el gran teatro de los mas reconocidos creadores de técnica y poética teatral se haya escapado tantas veces hacia lo antropológico. Se ha lanzado hacia abajo y hacia atrás. Hacia el individuo que se busca a si mismo y no hacia el individuo que busca el poder que otorga el dinero.
En la pregunta por la muerte todos somos iguales. En la continua actividad por combatirla, por esquivarla, en huir de esa inconveniencia social y desplazar la angustia que revela la nada, ese hombre y esa mujer a quienes les hablo porque son actores para la vida y para la escena, tienen la opción de elegir.
¿Qué elige un actor? Crecer hacia atrás; recuperar el asombro de la infancia y evitar madurar mal, perdiendo la inocencia creadora. No es inevitable que creación mute en negocio. No es irrelevante ese combate del individuo porque se juega la batalla contra el desengaño. Queremos decir la lucha para evolucionar sin tener que asociar crecimiento con cuenta bancaria.
Un actor puede subjetivar su técnica en fama y dinero. También puede subjetivar lo que sabe y puede en arte. Si es un buen equilibrista de la existencia, aprende a usar el dinero para proteger su arte.
La alianza entre voluntad e imaginación le permite desprenderse mejor del deseo posibilista y publicitario de una sociedad que necesita actores mediocres para vender mas de lo mismo.
De pronto una nueva mirada da un silencio diferente. De ahí surge una palabra diferente. Un hacer distanciado. Con un paso al costado se entiende mas. En el esfuerzo por entender tendrá que surgir la fuerza de desear mejor.

5 Comentarios

  1. Adan
    | Responder

    :>

  2. MamaN1
    | Responder

    »No es lo mismo el escombro de una villa en Biarritz que un apartamento en Manhattan que una chabola en las afueras de Lima. No es lo mismo.»

    »Actuar. Un miedo agradable.´´

    »De una sola cosa estoy muy seguro. La técnica posibilita de una manera clara y radical que un individuo no sea un mal actor.»

    »Quiero creer y escribo, dirijo y doy clases para ello, que la condición humana es una condición para la escena.»

    »¿Qué elige un actor? Crecer hacia atrás; recuperar el asombro de la infancia y evitar madurar mal, perdiendo la inocencia creadora.»

    Pero que grande eres Jorge. Que suerte tengo ..y ..lo siento por ti que me tendrás que aguantar un año más. Un besote y nos vemos en breve ‘Jefe de la Tibu’.

    • MamaN1
      | Responder

      Ah!! Soy Juan…el Chico Fruta!! ;D

  3. David Hache-ce
    | Responder

    Son grandes Palabras.
    Me sumo a todo lo apuntado por Juan le añado:
    «En el esfuerzo por entender, tendrá que surgir la fuerza de desear mejor»

  4. carolina cabezas
    | Responder

    completamente de acuerdo, desarmar para armar

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