IVONNE
Princesa de Borgoña

Dirección
JORGE EINES
Escenografía y Vestuario
FRANCISCO NIEVA y JUAN ANTONIO CIDRON
Producción
JOSE OSUNA
Música
ALFREDO CARRION
Ortofonía y Dicción
PILAR FRANCES y JESÚS ALADREN
Coreografía
ELVIRA SANZ
Maquillaje
GUILLERMO LÓPEZ y JOSE ESTRUCH SANCHIS
REALIZACIÓN DE DECORADOS
TALLER DE TERCER CURSO
REALIZACIÓN DE VESTUARIO
ELOINA CASAS y TALLER

IVONNE, PRINCESA DE BORGOÑA y La boda han nacido lejos del tiempo y en el espacio. Yvonne en 1935, en Varsovia; La boda, en 1946 en Buenos Aires. Es evidente, creo, que yo no podía saber nada de Beckett ni de Ionesco.
Incluso hoy no sé gran cosa ni de lonesco ni de Beckett. Porque, lo confieso sin vanagloria, pero sin vergüenza, soy un autor (le teatro que no ha ido al teatro desde hace veinticinco años, y que no lee piezas, salvo las de Shakespeare.
¿Porqué entonces, críticos de diferentes países, os empeñáis en decir: “he aquí una variante del teatro de Ionesco y de Beckett” ? O, “es un precursor de lonesco y de Beckett’: O, “es el moderno teatro del Absurdo, del estilo de lonesco y de Beckett”. O, “es curioso, no es ni lonesco ni Beckett”.
Quisiera saber hasta cuándo estos dos nombres malditos van a devorar toda la sustancia de las críticas dedicadas a mis obras, sirviendo de biombo a mi humilde teatro de aficionado.

Que no es un teatro del Absurdo
sino un teatro de ideas
con sus medios propios, sus fines propios,
su clima particular,
un mundo que me es personal.

Al hacer de estos dos autores célebres – ¡mi enhorabuena!- una simple máquina, se les presta un flaco servicio.
¿Qué eso no me importa? Claro que sí. Y grito cuando la máquina me tritura.
Witold GOMBROWICZ

IVONNE, PRINCESA DE BORGOÑA y La boda han nacido lejos del tiempo y en el espacio. Yvonne en 1935, en Varsovia; La boda, en 1946 en Buenos Aires. Es evidente, creo, que yo no podía saber nada de Beckett ni de Ionesco.
Incluso hoy no sé gran cosa ni de lonesco ni de Beckett. Porque, lo confieso sin vanagloria, pero sin vergüenza, soy un autor (le teatro que no ha ido al teatro desde hace veinticinco años, y que no lee piezas, salvo las de Shakespeare.
¿Porqué entonces, críticos de diferentes países, os empeñáis en decir: “he aquí una variante del teatro de Ionesco y de Beckett”? O, “es un precursor de lonesco y de Beckett’: O, “es el moderno teatro del Absurdo, del estilo de lonesco y de Beckett”. O, “es curioso, no es ni lonesco ni Beckett”.
Quisiera saber hasta cuándo estos dos nombres malditos van a devorar toda la sustancia de las críticas dedicadas a mis obras, sirviendo de biombo a mi humilde teatro de aficionado.

Que no es un teatro del Absurdo
sino un teatro de ideas
con sus medios propios, sus fines propios,
su clima particular,
un mundo que me es personal.

Al hacer de estos dos autores célebres – ¡mi enhorabuena!- una simple máquina, se les presta un flaco servicio.
¿Qué eso no me importa? Claro que sí. Y grito cuando la máquina me tritura.

Cuando hace tres años nos encontramos por primera vez en un aula de la Escuela de Arte Dramático no teníamos la menor idea de como sería el camino que nos conduciría a un espectáculo.
Desde aquel momento hasta ahora, arpamos y odiamos con la impunidad propia del Arte, convivimos con la técnica y la sensibilidad, atravesamos el desencanto y el optimismo, sucumbimos a veces y nacimos en la clase siguiente y más que nada y ahora lo siento claramente: peleamos día a día con la posibilidad de no dejarnos invadir por la sensación de lo imposible.
De todo esto nació Yvonne, con la fuerza y la ternura con que nacen las cosas paridas desde lo más profundo de las ganas.
Unas ganas que encontraron en la Corte de Borgoña el espacio preciso, para poder decir que el Teatro también nos pertenece.
¿Por qué este espacio? Porque Witold Gombrowycz nos dijo que lo arriesgadamente expresivo, no está reñido con la profundidad emocional y esto se convirtió en un hermoso reto interpretativo.
Porque la obra tiene el vigor y la transparencia que nuestro propio vigor y nuestra búsqueda de transparencia grupal nos exigían.
Porque en su primera lectura empezamos a reirnos de una manera distinta mientras las imágenes de un supuesto montaje se adueñaban de nuestras fantasías.
Porque hay un lugar de cada uno de nosotros, donde campea a sus anchas una Yvonne, estandarte de impotencia y dignidad, de denuncia y heroismo. Una Yvonne que pedía a gritos un escenario y nosotros no fuimos capaces de negárselo.

JORGE EINES