Entrevistas

 
 
 

 

“El individuo necesita del arte para que la verdad no lo mate”

Rosana Torres con JORGE EINES
entrevista publicada en "El País",
el viernes 10 de noviembre de 2006

Jorge Eines estrena hoy Nunca estuve en Bagdad de Abel Neves,
una denuncia pública contra las guerras

“No es sólo un estreno teatral. Es una denuncia pública contra las guerras y sus consecuencias”, dice el director Jorge Eines (Argentina 1949) de Nunca estuve en Bagdad, obra no llevada a los escenarios del dramaturgo, poeta y novelista portugués Abel Neves, que hoy se estrena en el Festival Madrid Sur protagonizada por Carmen Vals y Raúl Tejón.

Eines viajará en enero a Buenos Aires para montar en el Teatro General San Martín, uno de los más emblemáticos de Latino América, Camino del cielo, de Juan Mayorga. Posteriormente dirigirá a Federico Lupi y Natalia Millán en El guía del Ermitage, de Herber Morote. Ambos montajes, junto con Nunca estuve en Bagdad, son para Eines paisajes de un mismo lugar. “Hablan de lo mismo, de las grandes tragedias de los últimos cien años, de la necesidad que el ser humano tiene del arte para que la realidad no le haga perecer; el territorio de la metáfora es el mismo, aquel en que el individuo necesita del arte para que la verdad no lo mate”, señala Eines quien asegura sentirse, frente a cada uno de estos proyectos, como un indígena del arte: “Como los excluidos de la fiesta mediática; como si los teatreros estuviéramos responsabilizados de tener que decir lo que la televisión no va a decir”.
Lo que le conecta a los tres montajes en torno a los cuales trabaja, es esencialmente lo mismo: “Ello unido a una sensación que tengo, y no me excedo en pesimismo, de que el mundo se está volviendo otra vez nazi, pero de una manera diferente; ya no hay campos de concentración, ni nazis como Hitler, pero hay una manera de ocultar la dominación del hombre sobre otros hombres..., hay miles de seres humanos muriéndose de hambre y sabemos qué hacer para salvarlos, la vacuna existe, pero miramos esas muertes con una mirada democrática, tendríamos que preguntarnos si es nazi permitir que eso ocurra, pero todo hace pensar que la evolución del universo va hacia ahí y los demócratas miramos eso impasibles”, concluye Eines.
La obra, traducida por Luz Peña Tovar, se sitúa en pleno desarrollo de la guerra de Irak. Una pareja de una ciudad de la Europa occidental que convive desde hace años, se está mudando de apartamento. Los problemas derivados de la vida cotidiana y del desorden que provoca la mudanza, se entrecruzan con la información que les llega a través del televisor de la evolución de la invasión de Irak. Esta situación produce en cada uno de los personajes una reacción diferente, generando un enfrentamiento ideológico frente a la situación bélica. Abel Neves, para escribir Nunca estuve en Bagdad, ha utilizado un diálogo comprensible, narrando situaciones que para el espectador serán muy reconocibles.
El director también reflexiona sobre el hecho de que muchos de sus montajes se ocupan de la memoria histórica lejana: “Y resulta que hay una memoria cercana, que vivo en un país que alguien metió en una guerra para poder poner los pies sobre una mesa, y eso es España y es la memoria histórica inmediata y las consecuencias están pasando ahora”. Para asumir la responsabilidad de contar eso, Eines ha conseguido un socio como José Monleón, director del Festival Madrid Sur, que ha posibilitado un espacio para contar esas cosas y para que surja una pregunta común: “Cómo puede ser que se conjure a un grupo tan grande de seres humanos para que se consideren cómplices de marchar hacia la muerte en ejércitos de miles y miles, enfrentándose a otros que están en las mismas condiciones, sólo porque supuestamente ganando esa guerra se garantiza el futuro; ¿por qué el ser humano no puede decir no voy, no lo hago?”, y añade, “en las guerras que encaró Hitler o encara Bush nos quieren hacer creer que se trata de superviviencia y sólo se trata de tener poder sobre los demás”. Para Eines lo más perverso es que la democracia nos adjudica dosis enormes de libertad y no sabemos administrarla: “Sólo cuando pasan los desastres, luego tenemos la libertad de ver que lo hemos hecho mal, eso sí, después del desastre tenemos la libertad de ser autocríticos”.
El desarrollo de Nunca estuve en Bagdad acaba en la Madres de la Plaza de Mayo. “Es otro entrecruzamiento con mi ideología y mis emociones”, dice de esta obra en la que hay una mujer que al tiempo que descubre que está gravemente enferma es capaz de plantar un árbol y pensar como va a ser dentro de 500 años. “El personaje de la obra de Neves es una de esas mujeres que se quedan porque los hombres van a la guerra, las que hacen la guerra dentro, las que en última instancia configuran la retaguardia moral y no abandonan la pelea contra el sin sentido de la guerra, incluso cuando los límites a su propia superviviencia están muy cercanos”, apunta el director quien cree que es importante contar esta historia en un momento en el que la televisión nos acostumbra a que todo dé lo mismo: “Y a que los problemas de Ronaldo los mezclemos con los miles de muertos por hambre, sabemos que el intento es complicado, pero bueno, ahí estamos al tiempo que formamos parte del universo que se perpetúa a costa de la injusticia, pero por eso mismo uno se resiste a dejar de ensayar, es un problema de decencia frente a la injusticia y trato de hacer estas cosas y  conseguir socios que quieran hacerla”.
“Cuando Chejov hace 80 años quiso contar esa otra trascendencia que tiene que ver con lo cotidiano no podía imaginar que la burguesía tan maltrecha y dolorida se habría de sobreponer a la justicia comunista y al fundamentalismo islámico; hoy en día los señores de la guerra nos convierten, a los que la presenciamos en televisión, en pasajeros de un destino donde la vida cotidiana se comparte con las tragedias emitidas por la televisión; vamos haciendo la vida mientras otros hacen la muerte; eso era Chejov hace 80 años y eso es Abel Neves hoy en día: un testigo lúcido y poco frecuente de un mundo que se cae a pedazos mientras cada vez nos sabe mejor el canapé de salmón ahumado”, concluye Eines.
Eines, formado en Argentina, país que abandona en 1976 por razones políticas, es Catedrático de Interpretación en la RESAD y donde solicitó la excedencia hace carios años para dedicarse a dirigir e impartir clases en su propia escuela. Es director entre otros montajes de El Precio, de Arthur Miller, su último éxito, y otros como Ivanov, de Chejov, para el CDN, Fuenteovejuna, de Lope de Vega y Casa Tomada de Julio Cortazar en  Vermont (USA), La Revolución de Isaac Chocrón en la sala Ensayo 100, espacio que dirigió durante quince años y donde ha montado espectáculos de Tennesse Williams, August Strindberg Moliere y Borges. Así mismo ha publicado numerosos libros de teoría teatral, como Alegato a favor del actor (Ed. Fundamentos), Formación del Actor (Ed. Fundamentos) y el último Hacer actuar (ed. Gedisa) que ha logrado tres ediciones en pocos meses.
Nunca estuve en Bagdad se represetó  por primera vez el  día 3 en Badajoz, este fin de semana estará en el Festival Madrid Sur (día 10 en Aranjuez y el 11 en Parla), posteriormente participara el 2 de diciembre en el Foro Ibérico de Teatro de Évora e iniciará una gira nacional.