Espectáculos

 

Última obra dirigida

El Guia del Hermitage
De Herbert Morote

Estreno el Viernes 5 de Octubre 2007
en el Palacio de Festivales de Santander


  Sinopsis
Antes de que los alemanes completasen el cerco de Leningrado, el gobierno soviético logró enviar a los Urales todas las obras de arte del Museo del Hermitage.
Un guía de ese museo viejo y enfermo decidió continuar las visitas guiadas
y explicar cuadros que no estaba con
tal pasión y destreza que los visitantes acababan por verlos, apreciarlos y comentarlos.

Reparto

Pavel Filipovich Federico Luppi
Igor Manu Callau
Sonia Ana Labordeta

Equipo de gestión
Director Jesús Cimarro
Subdirectora Kathleen López
Secretaría Elena Gómez
Producción Carlos González
Distribución Jair Souza / Elena Valero
Administración Camino Martínez / José Luis Esteban
Prensa María Díaz


  Cuadro artístico técnico
Diseño de escenografía y vestuario José Luis Raymond
Diseño de iluminación Juan Gómez Cornejo
Música original Yann Díez Doizy
Diseño gráfico David Sueiro
Fotografías David Ruano
Realización escenografía Mambo Decorados
Realización de vestuario Cornejo Sastreria


Técnico de iluminación Alfredo Medina
Maquinista Joaquín Yvert
Técnico de sonido Silvia Casado
Regidor/gerente de compañía Aimee Pérez
Ayudante de producción Carlos González
Ayudante de dirección Luis D'Ors
Productor ejecutivo Jesús Cimarro
Dirección Jorge Eines

 

El guía del Hermitage:

1 Desde la filosofía
La realidad es para los que no pueden soportar sus sueños. Pavel sueña Igor también.
Sonia no lo puede evitar. Un totalitarismo lo encierra. Una guerra los persigue. En medio de la indiferencia de los dioses dispuestos a demostrar una vez mas que no existen, transcurre una
obra teatral de seres humanos dispuestos a rescatar desde los sueños lo que la realidad sustrae.
Dimitri Shostakovich compuso el octavo cuarteto de cuerda cuando era un hombre destrozado.
No soportó las presiones del partido comunista y aceptó ingresar en sus filas.
Unos años antes, tres seres humanos encerrados en un museo convierten la presión de la
realidad en un acto creador de tal magnitud como para hacer visible lo invisible. Casi en la
misma época Exupery les daba la razón. “Lo esencial era invisible a los ojos”.
La tarea del arte, cualquiera que sea su forma de hacerse evidente, consiste en oponer la
esencia de la expresión humana a las exigencias de las ideologías.
El arte como instrumento para recuperar la imaginación como capacidad inherente a la condición humana. Eso le permite al individuo recordar su origen, su situación en el universo, es decir su destino humano.
Los tres personajes resumen la totalidad de ese viaje, porque van de la vida al arte y del
arte a la vida.
Un guía de museo, un guardián de museo y una restauradora de cuadros no tienen referentes
en la dramaturgia contemporánea.
Son tres buenos pretextos para encontrar un conflicto que los haga parecer endebles a los
embates de la existencia mientras se va afirmando la sentencia de Federico Nieztche: lo
que no los mata los hace mas fuertes.

2 Desde la psicología
Sigmund Freud. El porvenir de una ilusión.
La ilusión siempre tiene futuro porque esta sostenida por la instancia incondicional de una
pulsión que es mas real que la vida misma.
Los tres personajes están sostenidos por la férrea ilusión de seguir ilusionados, contra viento
y marea diría el marinero que todos llevamos dentro. Contra la muerte diría Freud,
haciendo de la pulsión de vida el mejor baluarte para combatir el sinsentido.
Como todos los buenos personajes estos también tienen un inconsciente tan próspero y
creativo como para combatir los males de la guerra con los bienes que el deseo de vivir
alimenta. Esa es la ilusión como combate eterno contra la nada. Esa no ha dejado de ser
desde el origen de los tiempos la única tarea importante del hombre.

3 Desde la técnica interpretativa
Siempre habrá actores que se ocultan detrás de lo que hacen y siempre habrá actores que
asuman la batalla junto a un director para ponerse en lo que hacen.
Mi opción es la segunda y de alguna manera ese paradigma que tanta huella ha dejado en
el actor del siglo XX, Konstantín Serguievich Stanislavski, nos acompaña cronológicamente
durante el transcurso de la obra porque cuando nuestros personajes están bregando contra
la realidad que los invade el maestro ruso al mismo tiempo, está sentando las bases de
una nueva manera de entender la conducta del actor en la escena.
Mundos paralelos que contra la lógica geométrica se encuentran, cuando en algún buen
interrogante de algún mal ensayo, pensemos que Stanislavski y Pavel Filipovich habitaron un
mismo mundo real y ahora pueden habitar un mismo mundo imaginario.
Me gusta pensar que un atajo del tiempo nos conduce a plantearnos algunas cosas que
germinaron cuando los protagonistas no suponían que podrían tener un sitio en una obra
de teatro.
Me apetece pensar que quizás Stanislavski lo sabía y que en algún sitio de su obra, la práctica
y la teórica, se insinúa un museo donde tres personajes se juegan la vida para salvar el arte.
No hay una conducta que se deba describir antes de empezar a ensayar. Solo intuiciones
que si abren bien los sentidos acaban permitiendo descubrir que lo mejor que ha pasado
durante los ensayos es descubrir lo que no puede ser pensado.
Como director intento vivir cada ensayo como una pelea contra la anticipación. La mía y
la de los interpretes.
Mirar hacia la escena donde tiene su casa el actor y no mirar los papeles que con tanta
ansiedad elaboro en mi escritorio. Creo que es la verdadera confrontación contra los excesos
conceptuales que nos hacen llenar de ideas los espacios de trabajo. Buenas ideas pero
malos espacios de trabajo que solo servirán si se nutren de unas realidades que no son
fáciles de hacer descender a la cambiante condición de cada ensayo.

4 Desde la puesta en escena
Deseo tener un horizonte de puesta en escena para poder moverme con la mayor discreción
y humildad en el marco de los ensayos.
¿Que veo en ese horizonte? Un espacio abierto que connota la ausencia de lo que constituía
hace poco un sitio para ser exhibido y para exhibir.Ahora se ven las huellas de la perdida,
lo que no está se hace presente dejando su testimonio a lo largo de toda la obra.
Un camastro parece sostener el paso de los años como si siempre hubiera servido de descanso
a todos los guías que pasaron por el museo. Otro camastro aún mas humilde hace
simétrica la pobreza.
Una pequeña estufa denuncia la falta de leña mientras deja escapar sus últimos suspiros
de calor.
En el suelo, como si fueran testigos de robos que ya no pueden producirse, hay lámparas
de aceite que alumbran ecos perdidos.
Un barril que alguna vez conservo arenques en salazón, aguanta el persistente repiqueteo
de una gota. Es la humedad que nos habla de un otoño consolidado.
Los marcos de cuadros que ya no orlan ninguna pintura digna de ser expuesta. Son puertas
y ventanas.

Una escalera de madera descansa contra un lateral.
Restos de maderas utilizadas para embalar pueden utilizarse como sillas o pequeñas mesitas
donde se depositan los objetos que acompañan la vida cotidiana.
Una densa penumbra hace mas sonoras las palabras, mas melancólicas las miradas y mas
expresionistas las acciones.
Un realismo mas cerca del realismo socialista que del realismo íntimo y psicologista debería
convertir a las acciones en un argumento vital, sin quejas ni suspiros.
Los personajes aprendieron a sufrir y de ello han extraído un heroísmo contundente. Por
eso se inventan a cada instante un poco de amor para olvidar la tragedia.
Algo de onírico los habita. Salen de algún sueño como si reminiscencias de Chagall se tratara
aunque en ningún momento dejan de aterrizar en la existencia concreta de ese museo.
El equilibrio entre lo tangible de las conductas y el barniz de subjetividad que los hace pelear
contra lo real convierte a los personajes en un anzuelo para la imaginación de un espectador.
Inquieta lo real mientras deja el resquicio para la gran fisura: la que deja ver el espíritu
del arte sin ocultar la vida.

Jorge Eines


 
Herbert Morote

Ensayo
- Réquiem por Perú, mi patria, (Edición revisada y     aumentada. Lima 2004)
- El militarismo en el Perú
- Un mal comienzo, (1821-1827) Lima 2003
- Sobre la tumba de Vallejo, Instituto del libro, Lima   2003. Contribución al libro Cesar Vallejo
- Muerte y resurrección
- Vargas Llosa Tal cual (Ediciones Kutxa, España 1997
  y Jaime Campodónico, Lima 1998)

Teatro
El guía del Hermitage (Ediciones kutxa, España 2003)
Premio al teatro ciudad de San Sebastián, España.
Los ayacuchos, (Epígrafe, Lima 1991)

Novela
Suerte para todos, (Seix Barral, España 1994 y México 1995. Editorial Yachay, Perú 2000)

Cuentos, relatos y otros
Lagartos y rugidos
El último despenador
Crónicas del Colegio militar Leoncio Prado
La edad de la inocencia
Crónicas de viajes (inéditas)
El último eunuco y la bella de Hue
Hanoi

 


Lección magistral de los actores, que recordaron a Fernán-Gómez
Autor: Leopoldo Centeno
Fecha de publicación: 24/11/2007


Con el auditorio de su Centro Social en Pontevedra completamente lleno, Caixanova ha ofrecido
una nueva sesión teatral. La obra programada: El guía del Hermitage del peruano Herbert Morote, el cual comenzó su carrera como escritor a los 55 años y de quien el prestigioso editor Juan Mejía Baca dijo: «Mas vale llegar a ser escritor tardío que no llegar a serlo».

Efectivamente, aunque de forma tardía, Herbert Morote se convirtió en un buen escritor, como lo corrobora su obra presentada a los pontevedreses, la cual fue galardonada en el año 2003 con el Premio de Teatro Ciudad de San Sebastián. Un texto de impecable factura y cuidado léxico, escrito con marcada sensibilidad, narra secuencias de los últimos años de la vida de Pavel Filipovich, guía del Museo del Hermitage, de San Petersburgo.

Invasión alemana
Con la llegada de las tropas alemanas a Rusia en el año 1941, se procedió a la evacuación de la obras de arte del museo para ponerlas a salvo del pillaje. Buena parte de estas obras fueron enviadas en dos trenes a Sverdlovsk, en los Urales. La acción de la trama se sitúa en el interior del museo ya con sus paredes desnudas, sin embargo llenas y vivas en la imaginación de Pavel Filipovich, el viejo y enfermo guía del museo, que llevado de su altruismo y apasionado amor por
las grandes obras que allí se expusieron, decidió continuar las visitas guiadas (nocturnas y clandestinas) por los diversos salones del conjunto museístico de la asediada ciudad y lo hacía con tal vehemencia y habilidad que los visitantes, sugestionados por la cultura y expresividad descriptiva del guía, terminaban viéndolas y apreciándolas.

En la obra y en palabras de Pavel, escuchamos frases como: «Siempre están presentes los seres y las cosas que amamos», otra: «Recibo esa gente, descubro los cuadros? soy lo que se dice un guía en activo» o aquella más gráfica en la que manifestaba que Manet pintó un cuadro estando ciego y ante la incredulidad de los asistentes, les decía «Si Beethoven escribió su Novena Sinfonía estando sordo, ¿por qué no pudo pintar Manet ese cuadro estando ciego?».

Otro de los personajes de la obra es Sonia, la esposa del guía y miembro del Comité de Defensa, preocupada por la salud mental y física de su esposo y por mantener elevada la moral del pueblo sitiado, un personaje de gran ternura y moderación y finalmente un tercer personaje que es Igor,
el vigilante y comisario político del museo que en ocasiones puso el punto cómico a la obra o
cuando desaparecido el guía dice a su viuda: «Camarada Sonia, yo quiero ser el guía del Hermitage», preguntándole a continuación: «¿Tu crees que un ateo puede creer en milagros?».
Y empieza a ensayar: «El Hermitage está decorado con el más puro estilo barroco ruso del siglo XVIII?» Deliciosamente, en esta obra se congrega arte, amor y amistad.

Lección interpretativa
Dirigida con gran maestría por el argentino Jorge Eines, la pieza teatral estuvo interpretada por
sus compatriotas Federico Luppi, como Pavel Filipovich (el guía) y Manu Callau, como Igor (el vigilante); completando este reparto de lujo la actriz española Ana Labordeta, en el rol de Sonia (esposa de Pavel). Estos laureados actores han ofrecido una auténtica lección magistral de interpretación. Es de significar, también, la música original de Yann Díez Doizy.

Los aplausos, cálidos y prolongados, sonaron como nunca en el auditorio.
Tras saludar, Federico Luppi, en medio de sus dos compañeros de reparto, se dirigió a los asistentes diciendo:«Hoy, esta tarde a las seis, ha fallecido nuestro querido compañero
Fernando Fernán-Gómez". En su homenaje, todo el público puesto en pie ofreció una fuerte ovación.