ALEGATO EN FAVOR DEL ACTOR

(Editorial GEDISA)
ISBN 9788497841696

ANTIGONA EN EL SERVICIO
La reflexión viene de y va hacia la experiencia.
Voy a narrar una experiencia pedagógica específica ocurrida hace cinco años, en la cual la memoria afectiva ocupa un área singular por la forma en como se diluye el límite entre lo cotidiano y lo teatral, y más que nada por la fuerza iluminadora que tiene la vida desde la vida sobre la vida desde el escenario.
Me referiré a una actriz, en aquel momento alumna de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, a quien identificaremos con el nombre de Xandra. Los cursos regulares que se dictan en la mencionada escuela en la carrera de Interpretación tienen una duración de tres años, y de acuerdo al programa de estudios la asignatura Interpretación es dictada por el mismo profesor durante los tres años de la carrera.Realizo esta aclaración porque como profesor de esa asignatura elaboro un plan de trabajo que responde a un particular desarrollo vinculado a poder trabajar durante tres años consecutivos con los mismos alumnos.
Esto permite, entre otras cosa, y como dato referencial a los fines del relato, un muy aceptable nivel de espera de los tiempos que cada alumno tiene para acceder a su propio darse cuenta.
No hay procesos generales, y si grados de concienciación particulares que hacen aparecer la realidad técnica de un alumno muy alejada de la de otro en un determinado momento, cosa que se invierte o se equipara en algún otro momento de cada proceso.
Tratando de tener esto en cuenta, siempre se corre el riesgo de aguardar lo que nunca aparecerá por lo menos en el ámbito de la escuela o de creer que lo que aparece es el comienzo de algo cuando muchas veces es el lugar de llegada.
Más allá de lo factible o no, al comienzo del curso se intenta otorgar un ejercitación aclaradora respecto a las esenciales reglas del juego que permitan constituir algunos pilares que aseguren medianamente el proceso.
Áreas como la concentración, relajación o imaginación se ponen en juego al servicio de un hacer que nutre los por qué para qué de lo se hace y la condensación de todo es nada más que un recurso para abrir una vía de acceso hacia la profundidad del inconsciente vinculado con la creación.
Si no se abre esa vía de acceso todo se mantiene pegado a lo superfluo y el carácter lúdico que en última instancia tiene todo trabajo prevalece sobre la gradual toma de conciencia de cómo poder abrir esas puertas que conducen a lo inconsciente.
Hay un momento en el primer año de trabajo donde aparece una franca pelea por la toma de una posición. Se trata de impulsar el avance hacia un sitio difícil de describir, cuya sola denominación parecería hacer levantar aún más las barreras de la inhibición: el inconsciente. El alumno se defiende porque trata de expulsar de la tarea todo aquella que pueda comprometer su yo hedónico, como si tuviera que resguardarse de una propuesta que no le pertenece y que, por otra parte, lo amenaza.
La verdadera amenaza procede de sí mismo y es inseparable de su yo. Si no hay superación de esta etapa la pelea persiste sin solución de continuidad, con lo cual el profesor termina siendo un violador del espacio interior, además de ser el portador de toda carga agresiva del exterior.
El grado de complejidad de la tarea evoluciona desde los primeros contenidos muy vinculados a lo recreativo y que son una especie de palanca que permite destapar los primeros impulsos hasta los niveles de exigencia más claramente conectados con la voluntad al servicio de la concentración.
Cuando un proceso sigue una pauta evolutiva normal se acaba trascendiendo lo superficial y el vínculo con el profesor se deshace en otro mucho más operativo: el vínculo con la tarea.
Cuando no hay posibilidad de vínculo con ésta y, por tanto, no hay evolución visible en la adquisición de conocimientos, se refuerza el vínculo con el profesor. Mientras el alumno lo haga mal, más posibilidades de ocupar la atención del profesor.
Más allá de cualquier otra interpretación que podría efectuarse y que haría pasar esta reflexión por los particulares cauces que constituyen la relación transferencial entre profesores y alumnos, es consustancial con la enseñanza el tratar de satisfacer la demanda de lo que intentan aprender...